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La agroquímica está intoxicando al Mar Menor

Actualmente el Mar Menor es víctima de un largo proceso que lleva décadas trabajando y que impacta directamente en el cambio climático que tanto intoxica los cuerpos de agua: la agroquímica. El llamado “abono sintético” aumenta la presencia de las algas debido al exceso de nutrientes y causa un efecto dominó, en donde el oxígeno del océano disminuye al igual que la penetración de la luz solar.

La agroquímica y su relación con el nitrógeno y fósforo

Aproximadamente 450 millones de toneladas de nitrógeno se producen en el mundo y se destinan a la agricultura. En los últimos 55 años el uso de fertilizantes sintéticos ha aumentado un 800 %, lo que representa un problema energético y climático. El 5 % del gas natural mundial es gastado para extraer nitrógeno de la atmósfera.

Aparte de ser un problema climático y energético, esta es la causa principal del desastre en el Mar Menor. El fósforo y nitrógeno que se usa para la agroquímica acaban disipados en la atmósfera y océanos.

Entre 10 y 16 millones de toneladas de fósforo terminan cada año en los océanos. El nitrógeno causa acidez, teniendo en cuenta que un pH menor de 7.8 hace que los cuerpos de agua no sean aptas para la vida. No toda la acidez de los mares se relaciona con el ciclo natural del carbono; la agroquímica tiene una gran parte de la responsabilidad.

El nitrógeno sintético

En 1974 se observó que la homeostasis del planeta estaba siendo alterada por el uso del nitrógeno sintético. El problema es que este nitrógeno afecta el ciclo natural del nitrógeno orgánico, lo que explica la creciente en su uso. Actualmente se necesitan 10 calorías de energía fósil para obtener una caloría de alimentos; un siglo atrás, una caloría fósil generaba 10 alimentos.

La agroquímica usa el 70 % del agua mundial, fósforo mineral, biocidas y nitrógeno sintético. El resultado es que al alterarse el ciclo del carbono por este uso obtenemos consecuencias como la tragedia del Mar Menor.

Este tipo de desastres que ocurren lentamente no se perciben. Al año se pierden más de 74.000 toneladas de suelo fértil, un 25 % del suelo agrícola tienen pérdidas constantes en productividad, y mientras señalan al cambio climático como culpable, 1.300 millones de personas viven en zonas agrícolas degradadas.

Un camino erróneo

La agroquímica es culpable de la emisión de más de 6 Gt de CO2 equivalente de carbono. Esto tiene lugar específicamente durante la primavera y otoño, cuando los tractores trabajan la tierra y los rayos solares eliminan los microorganismos que fijan nutrientes. El control de las plagas intoxican toda la planta y mata a los polinizadores.

Esto no solo es un problema de dietas, de comer de modo más sostenible, ni de productos frescos. El contexto no importa, pues seguramente estos alimentos están cultivados con nitritos y nitratos producto de la agroquímica

Los productos ecológicos sólo aseguran haber sustituido los fertilizantes sintéticos por ecológicos, más no garantizan haber recuperado la fertilidad de los suelos que permiten que los alimentos tengan aminoácidos, oligoelementos y las vitaminas adecuadas.

Lo sucedido en el Mar Menor nos muestra que es urgente una transformación completa de la ciencia aplicada a la agricultura en general, puesto que la agroquímica tiene apenas unas décadas y ya ha producido estragos como no había ocurrido en miles de años.

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