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El Internet no es invisible y sí contamina

Utilizamos el ordenador, tomamos fotos con el móvil, vemos una serie en la tablet esto es lo cotidiano. Además, al realizar nuestras actividades por Internet, evitamos el uso de millones de recursos en un click.

 

Esto es positivo para el medio ambiente, pero qué tal si os dijera que el Internet contamina, y mucho. No estamos hablando de la basura electrónica, sino de la demanda de energía y el almacenamiento de datos. 

Y es que, el internet después de todo, ¡no es invisible!


El lado oculto del Internet para muchos son los 100 millones de servidores repartidos en centros de datos o granjas de servidores, cables de fibra óptica, antenas y routers para hacer llegar la información a nuestros dispositivos digitales. La nube es material en realidad y se encuentra en diversas partes del mundo, consume recursos y genera residuos y emisiones contaminantes.

Los centros de datos requieren mucho espacio, miles de metros cuadrados por razones de seguridad, acceso a electricidad barata, estar cerca de ríos y lagos para refrigerar las máquinas, ubicarse en lugares de clima frío. 

¿Qué contamina realmente del Internet?

Ciertamente obtener datos precisos sobre el impacto ambiental del Internet es difícil. Sin embargo, existen algunos estudios publicados que nos dan una idea aproximada, como por ejemplo según Cumulus Media (2018), cada minuto se envían 38 millones de mensajes en WhatsApp, se visualizan 4.3 millones de videos de YouTube y se realizan 3.7 millones de búsquedas en Google y alrededor de 100 billones de correos electrónicos son enviados.

El envío de un email de 1 mb genera 19 gramos de CO2, y en 1 hora se envían más de 12 millones de mensajes. Tan solo los usuarios británicos envían una media de 11.29 correos electrónicos innecesarios a la semana, según un estudio de Censuswide. Esto sería el equivalente a retirar de la circulación 3 334 coches de gasolina o a eliminar 81 152 vuelos entre Londres y Madrid.

Si bien, los datos son considerados el petróleo del siglo XXI, los estamos creando en cantidades inimaginables, muchos son innecesarios, caducos y perfectamente evitables, como por ejemplo, enviar un correo electrónico a un compañero de oficina para dar una felicitación —es momento de volver a mirar a los ojos y decir las cosas frente a frente—.

La huella ecológica del tráfico digital equivale al consumo del 7 % de la electricidad mundial según Greenpeace

El impacto tecnológico está representado por el uso de equipos como smartphones y su generación de basura electrónica. Pero también por los centros de datos de tamaños colosales que consumen energía para mantener los equipos de almacenamiento y las redes de acceso, compuestas por antenas y millones de kilómetros de cableados, etc. 

Podéis ubicar la contaminación del internet en 3 áreas: 

El conjunto de equipos que empleamos para conectarnos: ordenadores y portátiles, tablets, smartphones, routers, entre otros.

Los centros de datos y todo su equipamiento, donde se almacenan los datos y archivos de la nube.               

Elementos y redes que propician el acceso a Internet, es decir, el cableado y antenas que transmiten los datos.

Si Internet fuera un país, sería el 6to más contaminante del mundo

El almacenamiento de datos es una de las fuentes de emisiones más importantes y con mayor crecimiento, con un consumo de entre 6 % y el 9 % de la energía mundial y se espera que aumente del 10 % al 20 % para 2030.

No todos los centros de datos consumen energía en igual medida. La eficiencia energética varía según la fuente, los equipos, la tecnología, etc. El consumo energético viene dado por los procesos de los servidores y la climatización de los equipos, en un porcentaje cercano al 50 %.

El uso de imágenes y vídeos de gran calidad en la red ha sido exponencial en los últimos años. Para hacerse una idea, la media de una página web en su versión de escritorio ha pasado de 500 kb a un peso de más de 2 mb de media de 2010 a 2020.

También se conoce que la transmisión en plataformas como Netflix contribuye hasta  con 4 120 toneladas de emisiones de CO2 por minuto.

Con el aumento del teletrabajo y los servicios de streaming, la huella de la nube ha aumentado considerablemente. Y, por si fuera poco, el minado de bitcoin consume al año más energía que Suiza según un estudio de la Universidad de Cambridge.

Una excelente acción para concientizarnos sobre la cantidad de datos que hemos acumulado en la nube es eliminar correos electrónicos antiguos, cancelar suscripciones que ya no consumimos, reciclar y reparar nuestros equipos, apagar el ordenador en lugar de dejarlo en standby, entre otras acciones. 

Fuente: este post proviene de Gedésica, donde puedes consultar el contenido original.
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