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Hoy charlamos con... Abla Pokou



Hoy hemos decidido coger prestado el Delorean de Doc (sí, el de Regreso al futuro), y previa autorización suya, viajar al siglo XVIII para charlar con la reina Abla Pokou.

Me cita a orillas del río Comoé, frontera natural entre Ghana y Costa de Marfil. Al llegar me ofrece una infusión de hojas de mandioca que acepto encantada. Junto a ella se halla una preciosa niña de ojos negros, Akissi me dice que se llama, a la que le da la mano y que, me cuenta, ha venido con ella porque la niña quería comprobar que existen personas de raza blanca. Ahora que se marcha, no puedo evitar sonreír al comprobar la curiosidad de esa niña.

Río Comoé

Abla Pokou está exhausta; su rostro delata dolor, miedo. Ha tenido que dejar atrás su vida y su ciudad, Koumassi, capital del reino Ashanti de Ghana, al que pertenece, para no ser una víctima más de las guerras de sucesión al trono que han acabado con la vida de su hermano, Dakon. En su huida hacia el Noroeste, no la han dejado sola; con ella van sus soldados, su familia y sus más fieles partidarios, que han decidido apoyarla incondicionalmente en el éxodo hacia otras tierras y que saben que seguirían el mismo camino que Dakon si se quedasen en Koumassi. Mientras me empieza a relatar su historia pienso que tiene muchas similitudes con la situación que están viviendo hoy en día muchos refugiados.

Creo que la belleza de este paraje, así como la infusión de mandioca, están produciendo un efecto relajante en ella, y poco a poco consigo que se abra más a mí; ante mi más absoluta perplejidad me cuenta el sacrificio que ha tenido que hacer para salvar a su pueblo: al tirar a su único hijo, Kouakou, al río y gritar las palabras «Bâ-wouli» (el niño está muerto), las aguas del río se calman y pueden acceder a la orilla por el lado de Costa de Marfil, dejando atrás a sus perseguidores.


He entendido que tenía que sacrificar a mi hijo si quería que mi tribu sobreviviese; antes que mujer o madre, una reina es ante todo reina y se debe a su pueblo, me dice. Atónita ante sus palabras, me doy cuenta de que a pesar de su sacrificio está orgullosa de haber podido salvar a su tribu, aunque sea a través de un exilio forzado; y que esto le sirve como bálsamo para dejar atrás sus penas y mirar hacia adelante.

Las palabras «Bâ-wouli» no hacen más que resonar en mi cabeza y me resultan muy familiares…..¡Albricias ! Acabo de descubrir por qué : «Bâ-wouli» es el origen de la palabra Baoulé, nombre de una de las etnias de Costa de Marfil, y la etnia principal de nuestros niños de Bodouakro.

Y, como por arte de magia, el puzzle me empieza a encajar. François, nuestro «cartero de Bodouakro», le había comentado a Aidén hace tiempo que había un personaje al que los marfileños consideraban como un héroe porque era el que había dado origen al pueblo Baoulé…. ¡Madre mía ! ¡La tengo delante de mí! ¡Es todo un honor!

Me doy cuenta de que no puedo desaprovechar esta oportunidad y de que no existe mejor persona que ella para transmitir la sabiduría de su tribu a pequeños y mayores. Pero por desgracia mi viaje es de ida y vuelta y no voy a poder estar aquí mucho tiempo más; debo buscar la forma de que esto no se quede en agua de borrajas. Mientras ando ensimismada en estos pensamientos, no me he dado cuenta de que Akissi ha estado escuchando nuestra conversación muy atentamente; le hago una señal e invito a que venga a sentarse a nuestro lado. Le propongo a Abla Pokou que, como si de un cuentacuentos se tratase, vaya transmitiendo sus conocimientos a Akissi para que el legado de su pueblo no se pierda nunca. Ella asiente y en un gesto de complicidad le guiña un ojo. Sin saberlo, esa niña de mirada penetrante, ojos negros como el carbón va a ser la responsable de que el legado de Abla Pokou llegue allende los mares….

Me tengo que marchar y mientras me alejo del lugar y observo como el sol se va poniendo, llego a la conclusión de que, del mismo modo que el velero de Bodouakro va sumando marineros a su causa cada vez que atraca en un puerto, la mirada de Akissiservirá para que conozcamos un poco más de cerca ese país tan desconocido y tan cercano a la vez para nosotros. ¡Nos vemos en la próxima entrega!

Fuente: este post proviene de Bodouakro: érase una vez..., donde puedes consultar el contenido original.
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