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Cacao y explotación infantil en Costa de Marfil

El chocolate es una de las de las delicias de las que cualquiera puede disfrutar por un precio muy accesible. Es sabroso, dulce, y además tiene propiedades beneficiosas para la salud si se consume con moderación en un alto porcentaje de cacao. Este alimento que hace las delicias de niños y mayores esconde una cara oscura que llevan denunciando diversas organizaciones durante años, pero la situación no parece corregirse. Hablamos de la relación entre cacao y explotación infantil.



El mercado ha creado una nociva cadena de producción, que afecta a la vida de muchas personas. Son cerca de seis millones de personas las que cultivan cacao en todo el mundo, y la mayoría son pequeños agricultores. El 40% de la producción de cacao de todo el mundo proviene de Costa de Marfil, y allí la población rural vive en condiciones extremamente precarias. Algo similar pasa en Ghana, país que también tiene al cacao como uno de sus sectores productivos clave.

Los datos son claros. En Costa de Marfil, los productores ganan poco más de 50 céntimos de dólar al día, a pesar de ser un producto demandado en todo el mundo. La ONG Mighty Earth, lleva tiempo denunciando las injusticias que se dan en este entorno. Según esta ONG, el productor recibe poco más del 6% de lo que pagamos por el chocolate, llevándose los mejores porcentajes la industria alimentaria y la distribución.

Cacao y explotación infantil

Además, la industria, no sólo abusa de los trabajadores del campo y pequeños productores, sino que se caracteriza por la explotación laboral, incluyendo la explotación y la esclavitud infantil. Según incluye el estudio, entre 2012 y 2017 se incrementó en un 21% el número de niños que trabajaban en fincas de cacao ilegalmente. En Costa de Marfil existe una relación muy estrecha entre cacao y explotación infantil. En África Occidental 2,1 millones de niños siguen realizando trabajos peligrosos y físicamente extremos.

El año 2009 varias multinacionales del sector se comprometieron a que su chocolate fuera producido de forma sostenible y libre de trabajo infantil en 2020. Sin embargo, a día de hoy, el problema no parece corregirse.

Un informe reciente de Fairtrade International hizo un cálculo de lo que necesitaría cobrar un agricultor para poder vivir en costa de Marfil.  Llegaron a la conclusión de que necesitarían 2,51$ al día, cinco veces más de lo que reciben en realidad.

El trabajo infantil es síntoma de problemas profundos, y no descenderá nunca hasta que no se aborde el problema de la pobreza sistémica, y se rectifiquen los abusos de la propia cadena alimentaria en el sector del cacao. Porque cuanto más baja el precio del chocolate, más se aumenta el volumen de producción, y menos se paga al trabajador, los productores más recurren al trabajo infantil, por el que pagan mucho menos, explotando a los niños.

Deforestación y destrucción de ecosistemas


La vinculación que hay entre la producción de cacao y explotación infantil no es el único problema grave del sector. Las plantaciones, que llevan creciendo desde los años 60, han ido destruyendo la selva tropical. Más del 80% ha desaparecido ya, y con ella, la población de primates y elefantes, ahora en peligro de extinción.

El precio del chocolate


Hace apenas una semana, Costa de Marfil y Ghana se han aliado para plantarse ante las multinacionales del chocolate. El pasado 11 de junio suspendieron la venta de cacao, a no ser que la industria les pague un precio mínimo de 2.300 euros por tonelada. Su reclamación responde a la necesidad de crear una cadena de comercio justa, donde los productores no tengan que vivir en la pobreza a pesar de trabajar muy duro, y donde los niños se liberen del trabajo esclavo.

Todavía no han llegado a un acuerdo. Sin embargo, Costa de Marfil y Ghana son los responsables de la producción del 60% del cacao mundial y esto les da cierto poder en la negociación. Tal vez tengamos que pagar un poco más por el chocolate. Los economistas Jeff Luckstead y Lawton L. Nalley han calculado que acabar con el trabajo infantil en la zona incrementaría el precio del producto alrededor de un 12%. Sería un chocolate un poco más caro, pero sin duda también más justo y sostenible.

Imagen:  David Greenwood-Haigh

 
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