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Desde la ventana: otra reflexión sobre el coronavirus

coronavirus
Y, de repente, todo puede esperar. Aquella reunión tan urgente. Aquel viaje tan planificado. Aquel abrazo. He aquí el primer aprendizaje del virus.

Me muevo de reflexión en reflexión, de noticia en noticia, tratando de no caer en las más sensacionalistas. Aunque hoy la realidad supere a la ficción. Tanta información, tanto aprendizaje, tantas sensaciones y, sin embargo, me faltan las palabras.

¿Cómo será mañana?

Me asomo a la ventana, otra vez. El silencio es atronador. Debería volver a llover para limpiarlo todo. Algunas personas caminan deprisa. Otras también se asoman. Me doy cuenta de que empiezan a sonarme las caras de los vecinos. Y, en medio de toda esa quietud, los escucho. ¿De dónde viene toda esa alegría? Son pajaritos.

petirrojo
Saber que le estamos dando un alivio a la Tierra y a los demás seres vivos, a pesar de las circunstancias, siempre consigue darme consuelo.

¿Pero qué pasará con todas las personas que están perdiendo su trabajo? ¿Con todas las personas con pequeños proyectos emprendedores como el mío que en este momento están tambaleándose o directamente congelados? ¿Qué pasará con todas las personas que hacen realidad las buenas marcas de The Goood Shop?

Entonces recuerdo que la madre de Astrid, ante cualquier problema, siempre respondía: : “Vale ¿y cómo lo solucionamos?”

Cuidándonos todo lo que podamos, también de las personas que nos rodean. Y con esto quiero ir mucho más allá de tener cuidado de tratar de no contagiar ni contagiarnos el coronavirus. Me refiero a seguir sonriendo, a comer bien, a hacer deporte, a disfrutar de los pequeños placeres, sean cuales sean, a bajar tal vez nuestro nivel de exigencia y a no ser demasiado duras con nosotras mismas. Me refiero a dosificar la dosis de noticias y de móvil y hacer otra cosa: cocinar, bailar, leer, ver una película.

Aprendiendo que el bienestar común es lo más importante y lo que debe estar en el centro de cualquier sociedad, por encima del crecimiento económico. Recordando el valor de la sanidad pública y de todos los servicios públicos, ahora, más que nunca.

Aprendiendo también que se puede vivir más despacio y con la agenda más vacía. Que no necesitamos consumir tanto para ser realmente felices.

Siendo todavía más conscientes de la crisis climática en la que vivimos, con tantos paralelismos con este virus, dándonos cuenta de nuestra responsabilidad y nuestro poder para revertirla.

Recordando, una y otra vez, que cada pequeño gesto suma pero que cada pequeño gesto colectivo multiplica.

Sí, saldremos de ésta. No podremos elegir ni cuándo ni cómo, ni a qué precio. Pero seguro que podremos elegir con qué aprendizajes nos quedaremos.

*Ambas imágenes las he encontrado en la Wikipedia.

Fuente: este post proviene de This is Goood, donde puedes consultar el contenido original.
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