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Mi viaje a Bali

Bali es un estado de ánimo, una filosofía de vida, mucho más que un destino. Cuando Lauren me comentó que iba a impartir el segundo nivel de cocina Raw en Alchemy Academy y que después se tomaría un par de semanas de exploración, vacaciones y descanso, no me lo pensé demasiado, me encantaría acompañarla. La idea inicial era, además, llevar a cabo un pequeño festival llamado Plant Summit, con charlas de personas locales con proyectos veganos interesantes y finalizar con una cena pop up preparada por nosotras. Al final tuvimos que cancelarlo por motivos legales (de licencias y esas cosas…). Sabemos que el año que viene podrá llevarse a cabo sin problema y no nos vinieron mal los días extra libres para tomarnos un descanso. Además se nos ha pasado el tiempo volando, hay tanto que hacer y comer por allí…

Para llegar a Bali desde Madrid hay que coger dos aviones. A mi me tocó hacer escala en Doha, Qatar. Hasta Doha son 7 horas de vuelo y de Doha a Bali son otras 10 horas. Creo que es importante tener en cuenta que se pierde un día entero de tránsito a la hora de decidir cuántos días vamos a estar. También es importante saber en qué estación vamos. Finales de abril principios de mayo es el final de la estación de lluvias, es buen momento porque llueve bastante poco (sobre todo por la noche y dura poco tiempo) y no hace tanto calor como en verano. El clima es muy muy húmedo y eso hace que el calor sea más agobiante.

Hojas de moringa fresca.

Voy a dividir este post por días y sobre todo hablaré de comida, porque uno de mis objetivos en este viaje era inspirarme de la cultura culinaria indonesia, disfrutar de los sabores asiáticos y aprender de los restaurantes veganos y raw de Ubud, que hay muchos y muy interesantes. Bali es uno de los centros de la cocina crudivegana y he aprovechado al máximo para probar todo lo que he podido. Además, en comparación con Madrid u otras ciudades de Europa, comer en Bali es realmente barato (ticket medio de 10-12 euros pidiendo varios platos y bebida). También hablaremos de compras, de un mini viaje a Gili Air, de las escuelas de cocina que podéis encontrar, de yoga y otras actividades enfocadas al bienestar como las ceremonias de cacao o nuestra visita a Green School.

Día 1

Nos levantamos temprano para ir en coche hasta New Earth School a una hora y media de nuestra Villa. Nos recibe un grupo muy diverso de personas de diferentes edades y países con una filosofía común: vivir el presente, agradecer a la madre tierra y cultivar el amor, estado natural de los seres humanos. Comenzamos con una meditación, seguida de un paseo por el jardín de la escuela, donde cultivan diferentes plantas locales. En mitad del jardín paramos cerca de una estatua y hacemos el rezo balinés para agradecer. Dar gracias por lo que sea que nuestro corazón quiere darlas. Continuamos el día paseando por los arrozales descalzos, siguiendo al encargado del jardín, vamos probando un poco de cada planta según avanzamos: physalis, fruta de la pasión, cacao crudo… Volvemos a la escuela para unirnos a la cocina, que ya está en pleno funcionamiento. Nos enseñan a enrollar hojas de plátano rellenas de tempeh casero, especias y hierbas para cocinar a la brasa. Investigamos y nos movemos por la cocina viendo qué prepara cada una de las personas de la escuela, muchos residentes permanentes y otros solo de paso. Mientras fuera parten cocos y se beben su agua con pajitas naturales, echas de caña de papaya. Servimos todo sobre una larga mesa de madera y disfrutamos de la comida que hemos preparado. Consciencia. Conexión. Pachamama.

La escuela New Earth ofrece clases los martes y viernes. Los viernes más relajadas, en un ambiente muy familiar y libre. Se encuentra a una hora más o menos de Ubud en coche pero merece mucho la pena la experiencia.

Por la noche nos acercamos a Moksa, un restaurante plant-based que tiene mercado ecológico de productores los martes y domingos por la mañana. Tiene una carta bastante extensa y utiliza en su cocina ingredientes que ellos mismos cultivan en su jardín.

Día 2

Aprovechando que se celebraba el Ubud Food Festival, echamos un vistazo a la programación y nos acercamos a ver qué tal. Había clases de cocina, showcookings y también muchas charlas y tertulias interesantes sobre diferentes temas de la industria. Como curiosidad, la verdad es que notamos poca representación de corriente vegana/plant-based en el festival. Para comer, elegí de uno de los puestos un plato de Nasi Campur vegano que es un plato típico con arroz y diferentes preparaciones, en este caso todas vegetales: tempeh crujiente, curry de verduras, tofu… Es muy típico de la comida callejera y se sirve sobre un plato de hojas de banana.

En el festival pude conocer a los chicos de Elevated Cacao, un chocolate raw hecho en Bali, de muy buena calidad y con muchos sabores diferentes. Tras el festival dimos un paseo y cenamos algo en Soma Café. Me pareció un sitio muy agradable, casi toda la oferta es de comida crudivegana, pero si estáis pocos días no lo recomendaría. Para cerrar (o casi) el día fuimos a The Yoga Barn a una clase de Yin Yang Yoga, que combina una parte más activa con otra de estiramientos pasivos profundos.

The Yoga Barn es uno de los grandes centros de yoga en Ubud y al que más he estado yendo estas dos semanas. Siempre hay muy buen ambiente, es conocido por sus sesiones de Ecstatic Dance de los domingos por la mañana y tiene muchas clases y de muy buena calidad. Es verdad que son clases de mucha gente, pero yo le encuentro un encanto especial a hacer yoga con mucha gente al tiempo, creo que a nivel energético aporta mucho. Además de clases de yoga, imparten formaciones completas, tienen una parte de alojamiento, una cafetería e incluso un spa. Es como una mini ciudad de frikis del yoga

Tras la clase nos acercamos a por un Kokolato, una cadena de helado vegano que está de muerte. Los conos están hechos de arroz rojo o arroz con carbón activo. Tienen muchos sabores pero mi favorito en este viaje ha sido el de vainilla ahumada.

Día 3

SOL Bowl en Seeds of Life, con espirulina fresca.

Comenzamos el día donde lo acabamos, en The Yoga Barn, desayunando un bowl enorme de fruta tropical con granola raw. Como os comentaba el sitio tiene también un spa ayurveda llamado KUSH y los tratamientos son super económicos (masajes de cuerpo completo por 22 euros, tratamientos faciales o reflexología por 15-18 euros). Tenía reservado un tratamiento facial, en concreto el Ayurvedic Facial Massage, de 60 minutos, una auténtica pasada. Todo está cuidado al detalle, al llegar rellenas un formulario acerca de cómo te encuentras ese día para adaptar el tratamiento, y al finalizar te dan un té en una terracita. Muy recomendable.

Al salir del tratamiento fui directamente a probar The Seeds Of Life, uno de los cafés crudiveganos más populares. Imprescindible probar el SOL Bowl con muchas maravillas y espirulina fresca, que tiene un sabor tan diferente a la que encontramos en polvo. Este fue uno de mis platos favoritos de toda mi estancia, lo disfruté muchísimo. El otro gran punto fuerte son las bebidas. Tienen una carta muy interesante. Me pedí uno de los “mojitos” con kombucha y me gustó mucho. Como sabéis, me encanta la kombucha y la he pedido en casi todos los sitios en los que la tenían. Y siento decir con toda mi honestidad que no me ha gustado en casi ningún sitio. Con el calor y la humedad creo que es complicado conseguir una kombucha estable y que no se sobrefermente y avinagre en exceso. Si buscáis bebidas fermentadas os recomiendo que optéis por los cocobiotis, a base de agua de coco, que están mucho mejor en Bali.

Pizza de jackfruit en Zest.

Para cenar fuimos a Zest, sin duda otro de mis lugares favoritos, con un ambiente increíble y música en directo el día que fuimos. Cené una pizza de jack fruit a la barbacoa que casi me hace llorar y me pedí para beber un coco fresco. También pedimos los rollitos de kimchi para compartir y no me convencieron del todo, kimchi demasiado flojo (al menos para mi gusto!!).

Día 4 y 5

Día de tránsito hacia Gili Air. Una pequeña isla remota para hacer snorkel. Cogimos un autobús y luego un barco hasta llegar a la isla. Nos alojamos en Youpy Bungalows, pequeñas cabañitas con baño exterior (ducharse mirando al cielo o a las estrellas es lo más) y una piscina muy chula. Para mi gusto más que suficiente. Es una opción super barata (50 euros/2 noches para 3 personas con desayuno incluido). Es cierto que hay otras opciones mucho más glamurosas en la isla, pero el sitio estaba limpio y bien ubicado y para dormir fue perfecto.

Tras un paseo por la isla (se recorre entera andando en menos de una hora), fuimos a una clase de Yin Yoga en Flowers and Fire Yoga Garden. Uno de los pocos estudios de yoga de la isla, precioso, construido todo en bambú y con una cafetería con smoothies y helados.

Para cenar fuimos a Pachamama, un restaurante orgánico (y sin wifi) en el que cenamos las dos noches que estuvimos en las islas porque nos encantó. Me pedí un bowl con berenjena asada, arroz, ensalada y diferentes toppings y aliños.

El segundo día en Gili Air nos dedicamos a comer fruta, tomar el sol y hacer snorkel. No conseguimos ver tortugas pero sí muchos peces muy cerquita de la costa. Para comer fuimos a Musa, donde me comí un gyros de jackfruit épico, acompañado de una limonada de carbón activo.

Día 6

Odisea de vuelta desde Gili Air hasta nuestra villa en Ubud y tras acomodarnos de nuevo fuimos a cenar a Sayuri Healing Food, el otro gran conocido de comida raw en Ubud. Además es escuela de cocina y tienen muchos talleres y formaciones que merece la pena echar un vistazo. Su especialidad son los postres pero la carta salada es también muy sabrosa. Cocina cruda muy bien hecha y ambiente inmejorable. Pedimos para compartir la Raw lasaña templada, el Kitchery y el especial de los miércoles, el Sándwich de jackfruit. También kombucha de rosella y Medicinal Mushroom Reishii Tonic para beber.

Lasaña templada crudivegana en Sayuri Healing Food.

Día 7

Para comenzar con el día fuimos a probar una clase de yoga en Ubud Yoga Center. Esta vez Hatha (por horario más que nada). El estudio de yoga me pareció una pasada pero la clase no me gustó demasiado. De verdad creo que tuvimos mala suerte con el profesor.

Para comer nos acercamos a Sari Organic, un restaurante en Ubub pero metido en los arrozales. Para llegar hay que caminar 20 minutos por un camino estrecho y cuesta arriba pero merece mucho la pena. La cocina es típica indonesia y la preparan utilizando ingredientes que ellos mismos cultivan en su huerto orgánico. Nosotras pedimos para compartir: ensalada de papaya verde, ensalada de su huerto, Nasi Gorang veggie y Loompong.

Plato tradicional indonesio en Sari Organic.

Por la tarde-noche visitamos Pyramids of Chi para una ceremonia de cacao y meditación con sonidos. Pyramids of Chi está en las afueras de Ubud y se puede llegar con un autobús gratuito que sale desde el Palacio cada hora. Se trata de dos carpas en forma de pirámide donde celebran eventos de sonidos curativos. En este caso fuimos a una ceremonia de cacao. Era la primera vez que hacía una y fue una experiencia muy bonita. Un ritual de manifestación en torno al cacao como ingrediente sagrado.

Día 8

Ya era hora de probar Alchemy así que fuimos a desayunar. Alchemy es conocido por su Salad Bar, en el que puedes elegir cómo quieres que sea tu ensalada escogiendo ingredientes base y toppings. Y por la mañana tienen también un Breakfast Bar en el que puedes elegir los ingredientes para prepararte un bowl de fruta, granola o yogur. Está delicioso. Además tienen su propia tienda con productos muy interesantes: superalimentos, cacao, aceites esenciales, malas…

Desayuno en Alchemy.

Tras desayunar fuimos a Green School, una escuela privada en la que se celebraba esos días un festival sobre sostenibilidad con charlas, tertulias y muchas otras actividades. Me sorprendió y fascinó mucho Green School por su concepto y por la arquitectura de todas sus clases, hechas de bambú y al aire libre. Era como visitar una escuela utópica en plena selva y muy muy bella.

Y para terminar el día cenamos el menú Herbivore en Locavore. Un restaurante de fine-dining que solo utiliza ingredientes locales en Ubud considerado por cuarta vez consecutiva uno de los 50 mejores restaurantes del mundo. Elegimos un menú degustación vegano de 6 platos, a los que además se sumaron más de 6 propuestas de aperitivos del restaurante. Una experiencia única y muy recomendable. La cena nos costó en torno a 60 euros el cubierto, un precio increíble para la calidad y propuesta de Locavore. Para nosotras veggie foodies fue una oportunidad única de inspirarnos de su trabajo y buen hacer.

Día 9

Sábado, y nuestra idea era ir al mercado de productores de Moksa, que es precioso y tiene fruta ecológica de calidad, y después pasar el día en Canggu. Finalmente pasamos más tiempo del planeado en el mercado y nos apetecía también un día más relajado, así que decidimos pasar el resto de la mañana en la piscina de la villa. Para comer nos acercamos a Yellow Flower Café, que tiene comida típica indonesia y unas vistas muy bonitas.

Mercado de productores de Moksa.

Por la tarde hicimos un poco de compras y cenamos en Clear Cafe. No fue de mis favoritos, aunque las bebidas que tienen son interesantes, pero el sitio es muy bonito y agradable.

Día 10

Volvemos a The Yoga Barn para una clase de Kundalini yoga y un tratamiendo de masaje Ayuryoga en su spa KUSH. La mejor forma de empezar una de las últimas mañanas en Bali. El masaje de Ayuryoga combina una parte con aceites esenciales ayurvédicos con otra de estiramientos de yoga, en los que el terapeuta utiliza todo su peso para ayudarte con torsiones y todo tipo de movimientos. La verdad que hay momentos en los que pensé que me iba a romper (en un momento estaba entero subido encima de mi con los pies en mi espalda) pero controlan perfectamente hasta donde llegan y me dio un repaso de todo el cuerpo de agradecer. Después del masaje (Lauren se hizo mientras tanto el masaje facial y uno de reflexología), nos quedamos a desayunar/comer en la cafetería de The Yoga Barn. Yo me pedí una ensalada épica con miles de cosas y Lauren escogió el buffet que tienen algunos días. Suelen ir variando la temática, ese día era de cocina indonesia.

Nos acercamos a por el postre a Sayuri Healing Food, también porque habíamos quedado con Lucas de Veecoco, una nueva plataforma de cursos online veganos que acababa de grabar a Sayuri para uno sobre comida Raw.

Para la tarde habíamos quedado con Shanti, la fundadora de Alchemy Academy y fuimos a pasar el rato en la piscina de Bambu Indah, un hotel con unas vistas preciosas ideales para ver el atardecer. Nos quedamos también a cenar y yo me pedí uno de los especiales del día, el filete de Jack Fruit.

Día 11

Último día en Bali, hora de ir cayendo en la realidad… Pasamos la mañana preparando el equipaje y en la piscina. Después me fui a comer a Kismet, con un libro y ya mucha nostalgia encima. Lauren se fue a otra clase de yoga mientras tanto. Me pedí uno de sus bowls clásicos y una kombucha (que por cierto no me gustó nada, ya os comenté antes que las kombuchas en Bali no me han convencido del todo…). Después me reuní con Lauren en Taksu Spa para que nos hicieran las uñas de las manos y pies. Os recomiendo mucho los tratamientos de este otro spa. Y en el caso de manicuras y pedicuras el salón donde se hacen tiene unas vistas increíbles. Además tras el tratamiento te invitan a una bebida en su cafetería.

Después de un paseo por Ubud y compras de última hora nos fuimos a cenar a Nusantara, el hermano pequeño de Locavore. A precio mucho más asequible y solo sirven comida indonesia. Una pasada de lugar, todo muy cuidado y la comida sabrosa y tradicional, para recordar.

Día 12

Exprimiendo hasta el último momento en Bali, decidimos hacernos un tatuaje el último día en Conscious Art Tattoo, estudio de tatuajes vegano y que dona una parte de su recaudación a proyectos sociales y educativos en Bali. Elegimos las hojas de moringa para el tatuaje porque es una de las plantas locales más utilizadas, con muchas propiedades medicinales, y de nuestras favoritas. Tras el tatuaje pasamos por Alchemy para llevarnos take away en el taxi al aeropuerto. Me encanta el take away en tuppers hechos de hojas de plátano. Elegimos una ensalada de su salad bar cada una, los rollitos de papaya y una pizza raw de espinachas y setas. Teníamos que irnos con buen sabor de boca.

Por último comentar que Bali, al menos en mi experiencia, es un sitio muy seguro, no hay problema en ir sola, la gente te ayuda en seguida y suelen ser muy amables. Para moverte hay dos opciones, o ir en el coche o moto de alguien local, que te lleve de un sitio a otro; o alquilar una moto. El tráfico es bastante malo así que hay que cultivar la paciencia.

Espero que el post os haya resultado útil y os sirva si alguna vez visitáis Bali o Ubud. Lo sé, hemos comido mucho mucho, ¡pero no podía ser de otra manera! Pronto os dejo el video que complementa este post para que pongáis más imágenes y sonidos a toda la aventura.

Fuente: este post proviene de The Green Fuel, donde puedes consultar el contenido original.
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