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La oportunidad que nos da el Covid-19

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Hace días que tenía esto encallado en medio del pecho y ayer me salió de golpe, a borbotones, casi sin pensar. Lo compartí en redes pero no había pensado publicarlo en el blog puesto que es un contenido bastante alejado de la línea editorial de éste… Pero tras varias peticiones, al final he decidido subirlo ya que ciertamente estos días todas las líneas (las editoriales pero también las profesionales, personales, humanas… ) están quedando algo desdibujadas. Además, así queda en un sitio fijo para que no se pierda en el olvido. Aunque, yo, desde luego, espero no olvidarme de ninguna de las palabras que vienen a continuación. Espero que  te guste y que tú tampoco lo olvides. Un abrazo muy muy fuerte, cuídate mucho y, por favor #quedatenecasa.

 

La oportunidad

Soy una persona bastante optimista y acostumbro a tomarme las cosas por su lado más positivo. En el caso de este dichoso Covid-19, no podía ser de otra forma. Y es que creo que todo esto que nos está pasando es una oportunidad.

Una oportunidad para agradecer esa casa, ese apartamento o esa modesta habitación en la que nos hemos tenido que confinar. Muchas no la tienen.

Un oportunidad para conocer de nuevo a esa persona con la que compartimos la vida y reafirmarnos en ese sí quiero, a pesar de tantos peros. O, también, naturalmente, prepararnos para apartarnos de su vida y decirle alto y claro que así no.

Una oportunidad para poder estar realmente presentes en la vida de nuestros pequeños. Las horas tan intensas que estamos pasando en familia les va a convertir en una generación extraordinaria. Aprovechémoslo.

Una oportunidad para descubrir al vecindario, hablar de balcón a balcón y hacerse favores. Cuando todo esto termine será a ellos y ellas a los primeros que podremos abrazar.

Una oportunidad para trabajar de una manera distinta, aprender a respetar (y hacer respetar) los momentos y realidades de nuestros compañeros y compañeras y, por qué no, aprovechar la coyuntura para encontrar nuestra verdadera vocación.

Una oportunidad para darse cuenta de a quién se echa de menos y a quién no y para convertir en lujo aquello que realmente merece la pena, como achuchar a un amigo, un paseo por la montaña, una noche de teatro, una tarde de parque o un rato en la biblioteca.

Una oportunidad, naturalmente, para valorar la calidad de nuestra sanidad, educación, seguridad y limpieza. No habrá suficientes aplausos para agradecer tantísimo.

Una oportunidad para tomar conciencia del privilegio de tener agua, electricidad, calefacción y megas.

Una oportunidad para relajarnos como clientes y darnos cuenta de la increíble red de profesionales que trabajan día y noche para que todo –hasta el papel higiénico- esté en su lugar.

Una oportunidad para descubrir aquellas empresas que realmente merecen la pena y aquellas que el “todo por la pasta” no las ha dejado descansar ni en este momento.

Una oportunidad para reencontrarnos con nosotras mismas y darnos cuenta de lo importante que es cultivar nuestro mundo interior. No puedo parar de pensar en las personas que estos días están llegando al fin de su vida –y viendo como sus seres queridos llegan a él- en completa soledad.

Una oportunidad, naturalmente, para valorar la libertad en la que la mayoría vivimos y ver lo fácil que es perderla.

Una oportunidad para que nuestro mundo respire, se regenere y se olvide un poco de todo el daño que le venimos haciendo desde hace décadas.

Y es que todo esto, estoy convencida, es una oportunidad que nos da nuestro querido Planeta para que, tras enviarnos un rato al “rincón de pensar”, rectifiquemos y dejemos de maltratarlo y maltratarnos, aprendamos a respetarnos y querernos de verdad como especie y recordemos que somos una pequeña parte de un gran todo.

La oportunidad viene porque el aviso que La Tierra nos ha dado esta vez ha sido con un virus relativamente inofensivo, pero mañana puede despertarnos con algo tan agresivo que nos imposibilite respirar nuestro aire, beber nuestra agua o volvernos a tocar. Todavía estemos a tiempo de vivir diferente, y todavía está en nuestras manos el podernos girar el timón. Si no lo hacemos nosotros, no lo dudéis ni un segundo, la Naturaleza volverá a hablar. O, quizás, directamente gritará.

Yo, sin duda, quiero aprovechar la oportunidad.

(*) La foto del post es de unos pocos días antes del confinamiento y la saqué a unos pocos metros de casa, de manera muy espontánea y , naturalmente, sin dar ninguna importancia a lo trascendental del momento. Lo que daría ahora mismo por pisar de nuevo ese césped con Adam. Ya queda menos. 

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