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Mi secreto para salvar a la humanidad: Inteligencia ECO

Aunque se suele decir que se quiere salvar el planeta tierra o la Tierra, considero que la naturaleza por si sola es vida. Sólo hace falta ver la capacidad que tiene de crear vida: ¿has visto florido el desierto del Death Valley tras una época de lluvias? A mí no termina de sorprenderme.

Pero otra cosa distinta es la humanidad, aquí si que ya no se puede decir lo mismo. Por eso te quiero contar mi secreto para salvar a la humanidad, empezar desde nuestro interior y desde lo que está en nuestra mano cambiar. Desde lo que llamo Inteligencia ECO.

Voy a contarte de dónde viene esto de Inteligencia ECO y por qué lo considero tan importante como para salvar a la humanidad. Mi objetivo es contarte mis secretos sobre cómo he llegado hasta aquí para que tú también te puedas unir y caminemos juntos hacia una salud sostenible.

Todo surge de un cambio interior que comencé hace ya unos años, aunque lo llevaba dentro desde mucho antes. He ido dando pequeños pasos y evolucionando, aunque me queda un gran camino todavía por recorrer. Considero que aprender y evolucionar es necesario para vivir. Si no evolucionas y haces lo mismo siempre, esto es lo más parecido a un zombie que conozco

Aprender y evolucionar es necesario para vivir. Si no evolucionas, te estancas y te conviertes en un zombie viviente.

inteligenciaeco.com
Unidentified Asteraceae in Death Valley National Park. Photograped by Brocken Inaglory in April of 2005.
Death Valley 2005. Fuente Wikipedia. Fotografía de Brocken Inaglory

¿Por dónde empieza todo? Como siempre, por el principio.

Cuando miro atrás, intento ver qué me ha llevado al punto dónde estoy. Me doy cuenta que comencé con cambios muy pequeños y que me costó poco dar. Realizando acciones que no sabía a dónde me llevarían. Te cuento cómo empezó.

Yo comía de todo, no le hacía ascos a casi nada y compraba todo en supermercados. El primer cambio fue centrarme en incluir más alimentos de origen vegetal en mi alimentación.

Luego comencé a comprar de forma esporádica alimentos ecológicos y en tiendas locales. Los supermercados poco a poco empezaron a notar mi ausencia. No obstante, el verdadero cambio comenzó cuando decidí dejar la carne y el pescado.

En mi caso, aunque ya comía muchas frutas y verduras, todos los días comía carne o pescado. Aunque no considero que fuera un carnívoro empedernido, en el sentido de que podía pasar sin ello y comer otras cosas sin ningún problema.

Mi madre, trabaja vendiendo embutidos y carne. Hay un chiste «malo» que siempre me viene a la cabeza cuando pienso en esto que contaba de pequeño. ¿Cuál es el colmo de una madre carnicera? Un hijo chuleta. Ahora me parece más colmo que el hijo sea vegano .

inteligenciaeco.com Mis principales motivos para dejar la carne fueron la salud y el medio ambiente. Había leído en varios sitios los beneficios de una alimentación vegetariana y los problemas medioambientales que la carne y el pescado suponían. Además, por esa época conocí a Raquel y Dayana en el club deportivo ADN Astur. Ambas me sirvieron como motivación: ¡MUCHAS GRACIAS!

Tuve la suerte de que la decisión fue unánime con mi esposa. De tal manera que no fue necesario hacer un tetris para la organización de comidas. Algo que hubiera complicado un poco la «transición», sobre todo los primeros meses.

Cómo las frutas y verduras estaban ya muy presentes en mi alimentación no me supuso un gran problema adaptar el paladar. Lo más complicado fue crear un recetario propio con el que me encontrase a gusto para el día a día.

Durante el primer año continué consumiendo leche, huevos y queso. Mis creencias sobre el calcio todavía estaban muy arraigadas y el queso me gustaba mucho. Además al realizar este proceso de forma gradual me resultó fácil el cambio. Actualmente, he quitado de mi dieta todos los productos de origen animal y llevo una alimentación vegana 100%.

Desde el principio comencé a informarme, leer, buscar, ver vídeos. Me enfoqué en aprender sobre la nueva forma de alimentarme. Toda mi vida había visto cocinar de otra manera, con otros ingredientes. Mi obsesión al principio era cómo hacer para conseguir una alimentación equilibrada. Quitar los ingredientes «fundamentales» de las recetas habituales es algo que puede parecer una auténtica quimera.

Por lo tanto, mis primeros pasos hacia este nuevo camino comenzaron con introducir más alimentos vegetales en mi alimentación y buscar que estos fueran ecológicos.

Esa fue mi semilla. Y tú, ¿todavía estas pensando cómo empezar? No importa mucho por dónde comiences, introduce un pequeño cambio positivo que te resulte fácil de mantener y eso te traerá el resto de cambios. Una vez que lo hayas decidido es importante escribirlo y si quieres déjamelo en los comentarios, así te resultará más fácil mantenerlo.

Me gusta recordarme antes de comenzar un nuevo proyecto una cita que me resulta muy inspiradora de Lao-Tse:

«Un viaje de mil millas comienza con un primer paso”

Lao-Tse

Del supermercado al productor

Del supermercado al producto. Mujer sujetando una lechuga.
Foto de PHÚC LONG. Unsplash
Como te decía, antes de iniciarme en el vegetarianismo, ya compraba productos ecológicos. Era algo esporádico y que no hacía siempre. Estaba habituado a hacer una compra grande semanal en un supermercado. Pero poco a poco eso fue cambiando.

La principal razón del cambio: la calidad de los productos. Las frutas y verduras frescas y ecológicos que puedes encontrar en una tienda local son por lo general muy superiores a las que encuentras en un supermercado.

Si te fijas, la mayor parte de lo que se encuentra en un supermercado es comida ultra-procesada. De la cual, si te paras a mirar sus ingredientes y si lo has hecho estarás conmigo, tienes que sacar el móvil para consultar: «E-TU CU TU» seguro, «E-BLA BLA BLA» tóxico. Para finalmente, descartarlo por tener uno o varios ingredientes poco recomendables.

Desde mi punto de vista, los productos procesados tienen varios problemas:

Los ingredientes no suelen ser de calidad, suelen llevar uno o varios ingredientes cuyo consumo no está recomendado (como por ejemplo el glutamato monosódico o el azúcar)

Fomentan el usar y tirar. De manera general se encuentran envasados en plásticos o envoltorios difíciles de gestionar (como los Tetra Briks). Suelen ser de un sólo uso y su «mejor» destino es el cubo de reciclaje.

Pierdes la oportunidad disfrutar de cocinar para tí y los tuyos. ¿Qué hay mejor que compartir? Y si además es algo saludable y beneficioso, no se puede pedir más. Considero que no sólo debemos disfrutar o esmerarnos cuando cocinamos para otros. Disfrutar de una comida rica y sana también es un placer que nos podemos dar a nosotros mismos.
Yo nunca fui muy fan de los productos ultra-procesados.La comida rápida no va conmigo, soy de los que prefiere lo casero a lo industrial. Hay demasiados ingredientes que revisar y por lo general, después de varias consultas de qué es el ingrediente X, termino por descartar el producto. Quitar los ultra-procesados de mis alternativas ha simplificado mi vida. Es algo que ya no tengo que perder el tiempo pensando en ello.

Actualmente, para situaciones especiales (por ejemplo, un viaje que no voy a poder ir de restaurante o cocinar) elijo botes de cristal con 1-2 ingrediente, por ejemplo: garbanzos, guisantes, lentejas, remolacha, etc. Los botes los guardo para luego poder reutilizarlos para guardar frutos secos o llevar la comida de trekking.

Comprar frutas y verduras en un supermercado para mi, tiene varios problemas:

Está más cara que en productores locales o tiendas especializadas.

Suele ir envuelta y/o con bandeja de plástico.

Aunque sea ecológica, ha pasado por cámaras frigoríficas. Por lo que cuando la llevas para casa te aguanta muy poco tiempo en buen estado. Lo que se traduce en una peor calidad.
A los pocos meses de haber comenzado con una alimentación vegetariana, lo que era una compra esporádica de alimentos ecológicos, se convirtió en algo habitual. Lo raro era comprar en un supermercado y alimentos que no fueran ecológicos.

Hoy en día llevo meses sin pisar un supermercado. ¿Te parece imposible? Pues te puedo afirmar que es totalmente factible. Aunque encontrar el lugar donde realizar la compra de una manera cómoda y satisfactoria me ha llevado un tiempo, merece la pena.

Un paso más adelante

Cuando ya estaban controlados los menús para llevar una alimentación vegetariana con platos ricos y sencillos de cocinar, llegó el momento de dar el siguiente paso: dejar de consumir todos los productos de origen animal. Es decir, dejar de tomar leche (y sus derivados) y los huevos. Los motivos, fueron los mismos: salud y sostenibilidad.

Aunque el queso me gustaba mucho, no fue difícil ya que tenía los mismos tres cimientos que me habían llevado a dejar de comer carne y pescado:

Tener claro por qué lo quieres hacer. Cuando tus fuerzas flaquean, recordarte el por qué lo haces te impulsa hacia delante.

Saber cómo lo hacer. Si tengo claro por qué, pero no sé cómo, necesitaré aprender, formarme y adquirir nuevas capacidades que me permitan llevarlo a cabo.

Y tener el deseo de hacerlo. Querer hacerlo es muchas veces el único pilar sobre el que se sustenta un nuevo hábito. La motivación, al principio es alta, pero como bien sabes eso no siempre funciona. Llegará el momento en el que baje esa motivación y ahí apoyarse en los otros pilares es para mi, la clave del éxito.
Para mi, estos tres aspectos son la base de todo cambio: tener un motivo (por qué), saber cómo hacerlo y desear hacerlo.

Otro cambio que introduje poco a poco fue dejar de usar azúcar. Aunque no comía mucho azúcar blanco, sí que lo utilizaba esporádica ente. Lo fui sustituyendo, primero por azúcar moreno, luego panela, luego por siropes y finalmente por nada. Todos ellos son parecidos y prefiero no usarlos. Para endulzar utilizo frutas deshidratadas: uvas, higos, ciruelas o dátiles. Si no has probado, te lo recomiendo, te sorprenderá.

A día de hoy, el azúcar sólo lo como de manera muy muy puntual.

Es sorprendente como te acostumbras a los sabores. Por ejemplo, las infusiones me encantan sin endulzar, hasta el té que puede ser de los más amargos. Hace unos años me parecía imposible. Por eso me gusta recordarme cada poco que no hay nada imposible.

Lo consiguieron porque no sabían que era imposible

Jean Cocteau

Descubriendo el minimalista que llevo dentro

En paralelo con estos cambios de alimentación y consumo, también comenzó un cambio por un estilo de vida más sencillo y simple. Algo que también forma parte de la Inteligencia ECO. Desde el punto de vista de la arquitectura y fotografía, siempre me consideré minimalista. Desconocía que también podía ser un estilo de vida, pero ¿por qué no? Al final, simplificar es algo que se puede hacer con cualquier aspecto de la vida. Desde la ropa con la que te vistes, la organización de una boda o el diseño de una aplicación.

Menos es más.

Ludwig Mies van der Rohe. Arquitecto. ¿Qué relación tiene para mi el minimalismo y la Inteligencia ECO?

Tener sólo lo necesario me parece muy importante para el medio ambiente. Nos evita generar cosas que realmente no son necesarias.

Todo lo que se crea, ya sea una camiseta, un plátano o un teléfono móvil, consume muchos recursos y estos están limitados. Por eso, no consumir cosas que realmente no necesitamos es algo muy necesario para usar con responsabilidad las materias primas que son un bien limitado. Resulta sorprendente que hoy en día pueda haber productos cuya vida útil sea de tan solo 5 segundos.

Una bolsa de plástico se usa unos 12 minutos y tarda en descomponerse unos 55 años.

Estas inquietudes me han llevado a la economía circular y el consumo consciente. ¿No lo has oído nunca? No te preocupes te hago una breve introducción.

La economía circular y el consumo consciente

¿Cuándo compras algo piensas más allá de lo que estás comprando? ¿Te planteas los recursos que se han empleado para su fabricación? ¿Los desechos generados? ¿Las condiciones de trabajo de los que lo han fabricado? ¿Te preguntas si realmente lo necesitas? Si es que sí, enhorabuena, consumes de una manera consciente y estás en el camino de la Inteligencia ECO.

¿Piensas más allá de lo que estás comprando?
Foto de Annie Spratt. Unsplash
Pero… ¿por qué compramos lo que compramos? ¿De dónde viene esta forma de comprar y producir? Hay que remontarse a la revolución industrial, donde se comenzó a producir a gran escala y con la falsa creencia de que los recursos eran ilimitados.

Te dejo un enlace a un trozo de la película de Charles Chaplin «Tiempos modernos» que me resulta muy representativo de lo que es la producción a gran escala.

Esta forma de producir y consumir se llama: modelo lineal. El cual presenta los siguientes problemas:

Agota los recursos

Aumenta las desigualdades

Genera graves consecuencias ambientales
En el modelo lineal las materias primas no se reaprovechan una y otra vez. Una vez que el producto no «vale» (basura) se tira a un vertedero (que pasen los años hasta que se desintegre) o se quema en una incineradora (energía a costa de emisiones tóxicas y nuevamente residuos ya malamente manejables) .

Actualmente, nos encontramos en un punto de la historia en el que hay esperanza para el cambio y contrarrestar los problemas económicos, sociales y ambientales. Lo que está claro es que mantener el modelo lineal no resulta muy esperanzador para el futuro de la humanidad.

Para solucionar este gran problema aparece la economía circular. ¡Aquí, la economía circular al rescate!

Por el año 2010 Ellen Macarthur comienza a promover este concepto desde su fundación. Yo he llegado a ella en mi camino de la búsqueda de formas más sostenibles de comprar, alimentarme y vivir. Si no la conocías, te recomiendo visitar su página web (cuando termines de leer mi artículo ).

La principal diferencia es que desaparece el concepto de basura, todo se reutiliza para otra cosa y con la misma importancia (sin perder valor). Todo esto supone un cambio radical del paradigma lineal, con el modelo circular el aprovechamiento de los recursos es total. Quizás puede parecer utópico, pero todo lo que se avance en esa dirección será muy positivo y beneficioso para todos.

La buena noticia es que desde ya mismo, tú puedes hacer algo para avanzar del modelo lineal a la economía circular. Has leído bien, DESDE YA, no tienes que esperar a mañana. Esto me resulta fascinante, ¿no te parece?

A diario tomamos decisiones que decantan la balanza hacia un lado (lineal) o hacia el otro (circular). ¿Cómo saber a que lado se inclinan tus decisiones? Realizarte estas preguntas te puede ayudar a conocerlo:

¿Realmente lo necesito? Lo primero es plantearse muy seriamente si la necesidad es realmente nuestra o está impuesta por una campaña de marketing, la sociedad o un amigo. Por ejemplo, ¿realmente necesito comprar agua embotellada?

¿De verdad que lo necesito? Volver a cuestionarse si realmente es algo que necesitamos o es algo que nos han impuesto es muy importante. No hay nada más ecológico y respetuoso que lo que no se fabrica.

Si estamos 100% seguros de que es algo que necesitamos conseguirlo de segunda mano es por lo general la mejor opción. Aunque no siempre es posible. Aprovechar lo que otros no quieren ahorra muchos recursos y pones en valor todo el esfuerzo que supuso su fabricación: materias primas, transporte, energía, mano de obra, etc.

¿Cuál es su impacto medioambiental? Este es un aspecto bastante complicado con el que me encuentro a menudo, ya que las empresas no proporcionan información clara al respecto. Es bastante raro encontrar información en la etiqueta sobre la huella de CO2 o la huella hídrica. La cosa se complica ya que generalmente hay implicadas más empresas en la fabricación. Disponer de esta información en todos los casos ayudaría mucho en la toma de decisiones a los consumidores conscientes.

¿Qué impacto social tiene? Los productos que compramos no sólo es lo que vemos, llevan una huella social. Muchas veces llevan asociado explotación infantil, condiciones de trabajo lamentables, bajos sueldos, jornadas de trabajo intensivas. La transparencia de la empresa es algo muy a tener en cuenta. Sellos como por ejemplo: comercio justo, nos garantizan unas condiciones laborales dignas. Y facilitan la labor al consumidor.

Por último, pensar en la última parte del ciclo de vida. ¿Qué sucede una vez que deje de ser de utilidad? Hay productos que pueden tener un mejor reciclaje (vidrio, aluminio) o que pueden volver a ser usados por otra persona. Esto es algo muy importante y que sólo se consigue cuando durante el diseño se pensó en ello.
Y tú, ¿ya te hacías estas preguntas? ¿te planteas otras cuestiones? Me gustaría que me contaras cómo lo haces o si te generan alguna duda.

Reflexiones finales

Para terminar, voy a hacer un pequeño resumen de lo que he aprendido durante mi camino hacia la Inteligencia ECO para llevar una vida saludable y sostenible.

Mis evolución hasta la alimentación vegana

He ido aprendido y deshaciendo creencias que tenía antes de «veganizar» mi alimentación y aumentar mi Inteligencia ECO. Si estas empezando o te lo estas planteando espero que te puedan ayudar:

No comer carne no quiere decir que comas sano. Puedes alimentarte a base de azúcar y platos ultra-procesados con grasas saturadas hasta por afuera del envase. Por lo que, vegano no tiene porque ser siempre saludable.

Vegano no es sinónimo de sostenible. Podemos comprar frutas y verduras llenas de pesticidas y químicos, sobre envasadas y producidas en la otra parte del mundo por trabajadores explotados. Y todo eso no es nada sostenible.

Eliminar los productos animales puede darte más energía que con ellos. No sólo se come lechuga (como algunos piensan) y hay alimentos llenos de nutrientes que proporcionan casi todo lo que el ser humano necesita. Lo único que actualmente tomo como suplemento es vitamina B12.

La alimentación vegana no es aburrida, hay muchas alternativas que antes de comenzar desconocía de su existencia. Gracias al cambio he descubierto un montón de alimentos que antes no conocías. Mi último descubrimiento el tupinambo. Sólo te diré que si no la conoces y tienes oportunidad de probarlo, hazlo.

Al principio cuesta encontrar recetas que te resulten fáciles, ricas y rápidas de preparar. Encontrar ingredientes para algunas recetas al principio es más difícil, no te preocupes, haz recetas sencillas. Pocos ingredientes no es sinónimo de malo o poco sabroso. Es cuestión de experimentar y encontrar el equilibrio. Pasada esa fase de experimentación, hacer la comida me lleva lo mismo que me llevaba antes. Incluso puede llevarte menos tiempo si no cocinas tanto los alimentos («RAW-food«) y si practicas el «Batch Cooking».

Tips para llevar un consumo consciente

Consejos finales para el consumo consciente.
Foto de Fuu J. Unsplash

Simplificar la vida. Saber que no es necesario tener un gadget o accesorio para cada actividad que practiques. Puedes ir al gimnasio con los mismas zapatillas que sales a correr. Como he dicho antes, no hay nada más ecológico que lo que no se llega a fabricar.

Pensar todo lo que conlleva el acto de comprar algo. No sólo estamos comprando el producto, estamos apoyando los actos de la compañía que lo fabrica. Nosotros decidimos a quién apoyamos, y estoy convencido de que tenemos más poder que cuando votamos.

Disfrutar más de las experiencias que de las cosas. Lo que vivimos nos dura toda la vida, lo que compramos, tarde o temprano terminamos por no necesitarlo.

Comprar en tiendas cercanas y lo mas cercanas al productor, tiene grandes ventajas. Fomentas la economía local, estableces relaciones humanas (muy necesarias para el ser humano) y contribuyes a reducir la contaminación de transportes de miles de kilómetros.

Darle una segunda vida a los productos es muy satisfactorio y respetuoso con el medioambiente.

Mejora continua hacia la Inteligencia ECO

Actualmente, mi estilo de vida busca reducir mis residuos, simplificar al máximo mis bienes materiales, buscar la mejor forma de alimentarme, fomentar el comercio local y cercano. En definitiva todo lo que llamo Inteligencia ECO. Es un camino de no retorno, ya no puedo olvidar que todo acto tiene una consecuencia. Y recuerda que hasta no hacer nada, tiene su impacto.

Muchas gracias por haber llegado hasta aquí. Espero que te haya resultado motivador para comenzar tu camino hacia una salud de una forma sostenible.

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Cualquier duda puedes ponerte en contacto conmigo o dejar tu comentario más abajo.

¡Salud y Sostenibilidad!



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